13 feb. 2009

El sueño europeo (déménagements)

He visto cosas que vosotros no creeríais. Visitar pisos en ruinas más allá del Périphérique. He visto mensajes de Karine de appartager llegar a cualquier hora de la noche en la oscuridad, cerca de la plaza de Ménilmontant. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como dossiers en dépôt. Es hora de mudarse.


Muchos son los que critican el sueño americano, no sin razón, todo sea dicho. Pero a menudo suelen, esos mismos, proseguir su argumentación con una airada defensa de la vida en la "vieja" Europa. No me meteré (más de lo necesario) en camisas de once varas. De lo que quiero hablar hoy es de lo difícil que puede llegar a ser encontrar un piso en París (por casualidad, Unión Europea).

No es raro que se llenen muchas bocas al hablar de la "movilidad europea" en sus varios nombres. En algunas cosas, en efecto, se tienen motivos. Pero en cuanto al alojamiento, en concreto en esta ciudad, más valdría replantearse si merece más la pena callarse.

Eso sí, debo agradecerle al programa Sócrates el vasto conocimiento de la ciudad que me ha proporcionado en este tiempo. Prácticamente he dado una vuelta (en busca de algún piso, seguramente) por cada barrio del lado norte del Sena y por un puñado de barrios de la rive gauche también. Conozco la red de metro como si la hubiese parido: líneas, paradas, correspondencias, modelos de trenes, tamaño, olor, horarios...
Ya que estamos, os voy a dar unos briconsejos por si alguna vez os veis en la situación de conquistar la ciudad:

  1. Olvida tu antigua biblia (si es que tenías).
    A partir de ahora, la web de la RATP será tu nuevo credo (versión móvil incluída). Gracias a Ella, podrás aprovechar tu tiempo para lo que te de la gana, pasando el menor posible en los desplazamientos. Ella dicta cuándo, dónde y por qué deberías coger un autobús o un metro. Si eres un maniático de la optimización, quizá quieras consultar también Transilien.com, aunque no siempre estará disponible para ti.


  2. Hazte con un callejero o un GPS.
    Si eres un temerario, existen mapas en marquesinas por la calle y a la salida de cada parada de metro, incluso gente amable a la que preguntar pero te aviso de que encontrarás barrios en los que no es recomendable andar preguntando según que cosas a altas horas, y tampoco conviene quedarse pasmado delante de uno de esos mapas en marquesina publicitaria (si es que tienes suerte de encontrar uno).


  3. Ten temor de los controleurs.

    Si la RATP va a ser tu nueva diosa, ellos son sus arcángeles. Puedes intentar escapar de ellos, y lo conseguiras de vez en cuando. Pero cuando te alcancen, acabarás pagando el pato (40€ por ir sin billete).


  4. (Bonus) Piérdele el miedo a los autobuses (incluídos Noctiliens).
    Te salvarán más de una vez. Está claro que es casi donde más gente peculiar puedes llegar a conocer en poco tiempo, pero muchas veces merecerá la pena.


Volviendo al tema de buscar/encontrar piso:
Tu mejor opción son las redes sociales. En esta ciudad la gente es muy desconfiada y todo será más fácil si el contacto te lo ha pasado alguien que puede hablar bien de ti (aunque sea un poco). Para ello conviene conocer a gente bien conectada y tener un puñado de suerte. Pregunta a todas las personas de tu entorno, manda mails, etc.
Si todo esto no da resultado, existen varias opciones, pero hay mil cosas escritas sobre ello:
Si eres universitario (estudiante o investigador) consulta con tu universidad (tanto la española como la francesa), habla con gente, pregunta en el servicio de relaciones internacionales y mira los tablones.
También puedes ir a la cité universitaire a probar suerte, cuanto menos te darán una hoja con un montón de instrucciones y sitios en los que buscar, muy útil, sin duda.

Si no eres nada de esto o te ha servido para poco, reza (no, la RATP no hace este tipo de milagros).
El siguiente paso son las páginas de compartir piso. Hay un puñado por ahí: collocation.fr, appartager.com.
Después están los anuncios en pap.fr y el periodico que le da nombre y sale cada jueves (Particulier à Particulier), craigslist.com, l'eglise americaine (Mº Tour Mabourg & Invalides), la revista FUSAC, etc.

Después de seguir todos estos pasos, estarás seguramente exhausto. El siguiente y último paso (si eliminamos la posibilidad de okupar) será visitar agencias inmobiliarias. Esta ciudad está repleta de ellas y, aunque con variantes, todas suelen exigir una serie de condiciones:
- Tener un avalista residiendo en Francia (say what?) o, en su defecto, un aval en un banco francés (depósito intocable de una suma importante de dinero). El avalista tendrá que aportar montañas de documentos que acrediten que será más que capaz de cubrir tu deuda en caso de que les dejes colgados.
- Tendrás que pagar los gastos de agencia, comúnmente un mes de alquiler.
- Depositar una fianza que variará de 1 a 3 meses de alquiler.
- Ser estudiante o trabajador (demostrable).
- Tener una cuenta en un banco francés.
- Caerle bien al agente en cuestión.

Una vez encontrado un alojamiento, es posible que tengas que hacer lo siguiente, además:
- Contratar un seguro de habitación.
- Firmar contratos a cholón, incluyendo inventarios.
- Abrir una cuenta en la compañía eléctrica (y gas, si fuese necesario).

Y después de estos sencillos pasos, ya tenemos nuestro pisito en París: fácil, sencillo y para toda la familia.

Aviso: es posible que en este largo camino puedas percibir signos de desconfianza y discriminación en más de una situación. No te preocupes, vas por el buen camino.

1 comentario:

  1. Cuánto rencor, mon dieu, cuánto rencor se desprende de este post...y cuánta información útil también.

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